SONDA Picnic en Léon.
El 24 de agosto de 2025, el Parque de Quevedo dejó de ser un simple parque bajo el sol veraniego para convertirse en un organismo vivo, un refugio de vanguardia y convivencia. La primera edición de SONDA in the park, enmarcada en el festival León, Cuna del Parlamentarismo del Ayuntamiento de León, no fue un festival de día al uso; fue una auténtica intervención de cultura comunitaria y reclamación de espacios públicos que redefinió los códigos de la gestión cultural en la ciudad, convirtiendo la jornada en el mejor plan para disfrutar de la música en el parque y el baile en el parque.
El proyecto, inicialmente concebido por SONDA MUSIC, me sumó a sus filas como curador de música. Respaldado por mis 10 años de trayectoria en la escena de música tropical nacional, me encargué personalmente de la selección de los DJs, ejerciendo también como DJ anfitrión bajo mi aka, OSO. Diseñé una propuesta fresca de electrónica y cumbia donde nombres como La Viuda de Angelín o Papaya Subtropical convivieron con el arte local. Sin embargo, mi implicación en el proceso no tardó en expandirse de forma orgánica: contagiado por el potencial del evento y asumiendo un rol de acelerador de partículas culturales, aporté mi bagaje en mediación social para modelar y ensanchar las costuras de la propuesta inicial.
Fue en esa estrecha colaboración donde propuse las ideas clave que acabarían por blindar el éxito y la identidad del evento. Propuse reconfigurar lo que inicialmente rozaba el formato clásico de un ‘Come y calle’ para transformarlo en una experiencia estilo sonda picnic: un encuentro abierto, inclusivo y radicalmente democrático, un formato idóneo para abrazar el lema oficial de la cita. Asimismo, activé mi propia red de contactos para desplegar un vibrante mercadillo local y feria de arte al aire libre en el césped, impulsando la alianza estratégica con El Barrio de los Artistas para que estudios del Crucero —como Galería Cinabrio, Esta es la Cabaña, Ediciones Menguantes o Isla Bukanera— mudaran sus talleres a la naturaleza.
Al fusionar esta sinergia vecinal con la identidad sonora del día, el espacio se llenó de familias, jóvenes y creadores compartiendo una misma lona. Aquella propuesta de sonda picnic demostró que el espacio público cobra un sentido profundo cuando se nutre de la empatía, el tejido local y el conocimiento del territorio.
Actualmente, Pipas de Coco ya no forma parte de la organización de este evento. Tras cumplir con creces el objetivo de diseñar la estructura conceptual, aportar la red de contactos y definir la identidad que garantizó el éxito de la cita, mi vinculación con el proyecto concluyó mediante una abrupta interrupción unilateral de la comunicación. Esta dinámica de extracción creativa se vio acompañada de una práctica de invisibilización en redes que, sin embargo, no puede borrar lo evidente. El valor de una intervención comunitaria no reside en absorber y mercadear con una estructura vacía, sino en la capacidad original de concebirla. El sello genuino lo tuvo ese encuentro en particular, y resulta muy difícil intentar replicar lo que de base no se posee: el vínculo orgánico con el público y una relación real con el entorno. La autoría intelectual de aquella jornada irrepetible de música en el parque y vanguardia quedó firmada y grabada en el césped del Parque de Quevedo.
*Fotografías de Virado Studio


















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