‘Hora ¿qué tal?’, texto para Revista Guacamayo (Ed. Ojos de Sol)

El tiempo pretende existir detrás de las cortinas
que forman las notificaciones
que convierten los segundos en cuartos o en quintos,
y los difuminan para que no los veamos
en el cada vez más corto espacio que conlleva
el salir del trabajo
y el acostarse para madrugar y continuar la condena.

Nos tapan la lógica y la crítica
con velos y problemas
que no son.                                                                                       Que no son.
Obsolescencia programada
para no salir del taller
o del consumo
o de la oficina
o del qué se yo que es mi tiempo
si solo cuido mi ocio
e intento pasar la entresemana
corriendo y durmiendo,
corriendo y durmiendo,
corriendo y durmiendo,
sin pensar,
ni en por qué corro,
ni para qué duermo…
si el futuro no me deja soñar.

Y que luego llamen vagos
a quiénes optamos
por no perder el tiempo
e invertirlo en mirar
cómo las ramas de un árbol se mecen tranquilas
con el viento,
mientras un pájaro carpintero, quizá loco,
picotea la corteza sin temor a perder el siguiente metro.

Y hay gente que lucha contra el sistema,
pero aprecia que su sueldo
le permita ningunear
a aquellos que tienen tiempo,
momos que no necesitan tanto dinero,
porque no están dispuestos a regalar
todo su tiempo.

En Dakar pagas con ambos.
Con tu reloj o con tu bolsillo.
Puedes andar con prisa sin mirar a nadie,
o puedes caminar tranquilo e incluso pararte a conocer.
Puedes empujar al entrar al autobús
o puedes sonreír mientras cedes el paso.

Son todo
pequeñas elecciones
que limitan o liberan el tiempo.
Su tiempo no está
en la cápsula circular de cristal
que guarda con temor las manijas,
sino en el dedo que se posa
sobre el segundero
y le acaricia diciendo: ‘Yo voy primero’.

¿Qué tiempo existe
si el ding-dong de tu smartphone
es quién dicta las acciones
de tu cuerpo escuálido?
¿Si cada recorrido lo mides en kilómetros por hora?
¿Si a cada amigo
le otorgas solo un pedacito blanco de agenda?
Hace mucho que no te veo,
pero he estado liado intentando encontrar un hueco.
¿Mañana?

El mañana no existe.
Y si existe,
no está ahora. No existe ahora.
Existirá.
Pero qué más da lo que existirá
si cuando existimos
ni siquiera pudimos degustar
esa existencia.

Qué insistencia
en demorar el éxito.
Si el éxito te lo dan
cuánto más te regalas y te vistes de gala.
Cuando dejas de hacer lo que mola
y haces lo que les moda.

Mira mis stories,
mira todo lo que hago,
mira como invierto mi tiempo
en mostrarte lo que hago
en vez de hacerlo, sencillamente hacerlo.
Sin cámaras ni ojos externos
que aprueben o desaprueben
lo que hago o dejo de hacer.

A lo largo de la última semana
he escrito,
he reído,
he comido cosas deliciosas,
he viajado a tres ciudades,
he hablado de Senegal,
he cantado rimas,
he celebrado el año poético,
he saltado a la comba,
he cabalgado una bici,
he pinchado cumbia con un cocodrilo,
he bailado,
he llorado,
he regresado con una sonrisa a mi cama
y me he encerrado con LeCoq
para saborear el silencio.

¿Y sabes qué pasa?
¿Sabes qué quieren que crea?
Que como no me he tomado ‘el tiempo’ de mostrarlo…
¡¡NO LO HE HECHO!!
¡¡NO SOY!!

Pero…
yo y mi alma,
sabemos lo que hacemos.
No necesitamos los ojos de nadie
para aceptar que existimos
y que el tiempo solo nos pertenece
a los que lo vivimos.

Andrés Sánchez
www.pipasdecoco.com

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Una respuesta a “‘Hora ¿qué tal?’, texto para Revista Guacamayo (Ed. Ojos de Sol)”

  1. La Kristi dice:

    Maravillosos y complicado. Te lo digo en tu blog para no romper la magia de tu escrito con un comentario en Facebook. 😉
    Love for you, Bro!

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